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Vladivostoc con retraso
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y aquí: www.norbertocuenca.com
En
Irkutsk empezaba mi viaje transiberiano en solitario. La siguiente parada hacia
el este: Ulan Ude, en la orilla opuesta de Baikal, a solo 8 horas. El tramo
entre Irkutsk y Ulan Ude es espectacular porque discurre por la orilla del
lago. Era una segunda oportunidad de disfrutar del paisaje, aunque fuese por la
ventanilla del tren. Normalmente he intentado coger trenes de noche para ahors
de llrar en hoteles y tiempo de viaje, pero en este caso lo cogí al amanecer.
Antes de llegar al lago quedaban un par de horas de taiga que pensaba
aprovechar para dar una cabezada y reponerme del madrugón, por desgracia, uno
de mis compañeros de compartimento, el pequeño Nikita de 3 años, ya había dado
la noche por concluida. Su abuela hizo lo que pudo pero los críos son críos.
Nada. Las 3 o 4 horas de viaje junto al lago son las mas espectaculares de todo
el transiberiano. A un lado tienes montañas muy altas con picos nevados y al
otro el agua esmeralda salteada con placas de hielo en fundiéndose y
pueblecillo de pescadores en la orilla. Llegamos a Ulan Ude, la capital de
Buratia. Los burats son los pobladores originales de esta parte de Siberia y la
colonización no los extermino ni mucho menos. Son el 50 % de la población.
Físicamente son igual que los mongoles, de hecho, en ese punto del camino
estábamos a pocos km de la frontera mogola. La vegetación de los alrededores se
parecía mas a la que vi entorno al lago blanco de Mongolia que a la taiga que
llevaba días atravesando. Sin embargo la lengua y las costumbres son rusos casi
100%. La gente se mezcla bien y por la calle se ven grupos de amigos o parejas
mixtas. Aunque los burats estén asimilados en la cultura, la tradición mongola
debe influir de alguna forma. La ciudad es más relajada, va a otro ritmo que
las otras ciudades que he visitado. La gente sonríe más (los rusos en general
tienen un rictus bastante tieso) he incluso me gritaron un par de "Hello,
hello" inauditos hasta la fecha en Rusia.
En Ulan Ude probé un nuevo tipo de alojamiento: el hotel soviético. A pesar de
los 15 anos pasados desde el fin del régimen anterior, creo que mi hotel debía
tener exactamente la misma pinta que el día que lo acabaron. No tenia nada malo
en si mismo. No estaba sucio, ni demasiado viejo....simplemente era gris,
triste.. .soviético. Se notaba que no lo construyeron para agradar, ni para
alegrarte las vacaciones, sino para que pudieses dormir. Punto. Los años no le
han quitado esa grisez de encima. En
cualquier caso, fur interesante.
La principal atracción de
Ulan Ude es su gente y el ambiente, diferente del resto de Siberia. A parte de
eso están las ya habituales casas de madera, la zona histórica, un cabezón
gigantesco de Lenin, un montón de teatros y salas de conciertos y lo mejor, un
museo etológico.
En un claro del bosque de los alrededores han rescatado ejemplos de casas
antiguas de campesinos, aristócratas, pescadores, cazadores....las han
conservado por fuera y dentro se pueden ver los artilugios, ropas, herramientas
de la época. Estaría realmente bien si las señoras que lo "vigilan"
no cerrasen la mitad de las casas para ir a echarse la siesta. siendo
prácticamente el único visitante no tenia mucho poder de presión para sacarlas
de su letargo que digamos.
Después de un par de días bastante tranquilos en Ulan Ude tocaba prepararse
para el último tramo de tren hasta Vladivsostoc, 60 y pico horas. Tres noches y
dos días. Fui a aprovisionarme de víveres a un mercado local, pero cometí el
error de hacer las compras con el estomago vacío. Pasa lo mismo cuando vas a un
restaurante en china muerto de hambre, pides como si tu estomago no tuviese
fondo. En fin. Acabé cargado con tres bolsas de comida que por supuesto no fui
capaz de terminar.
El transiberiano no es un tren, son muchos comenzando en sitios tan al oeste
como Ucrania y terminando en otros muchos sitios hacia el este, el mas lejano
Vladivostok, en el Pacífico. Lo que si es único (si no contamos algunas
ramificaciones) es la vía por la que circulan este-oeste. No existe un
"billete" para el transiberiano. Cada trayecto lo haces con un
billete diferente en un tren distinto yendo de un A a un B. Como Ulan Ude está
más o menos en el centro de Rusia, las opciones son muchas todos los días en
ambos sentidos. Yo cogí un Novosibirsk-Vladivostoc. En el punto donde me subí,
llevaba 2 días rodando y todavía quedaban 3 para Vladivostok. El trayecto Moscu
Vladivostoc son 7 días y desde ucrania deben ser 8. Una paliza, vamos. En el
trayecto se cruzan 7 franjas horarias y para evitar chocho con las horas en los
billetes todo se refiere al tiempo de Moscú. En tu billete pone las 08:20 pero
eso significa las 13:20 si estas en Irkutsk o las 16:20 si estas en el extremo
este. Es gracioso que en las estaciones los relojes siempre marcan el tiempo de
Moscú, que es el que viene en los billetes, en vez del local. En realidad es lo
mas sencillo y lo único sensato cuando el país es tan grande.
No todo el mundo se pega 7 días en el tren, la mayoría hace tramos parciales.
Aun así, un par de días son suficientes para aburrir al mas pintado. Para mi,
en tanto que guiri, está el aliciente del paisaje, el regustillo de la
aventura; pero para los rusos es simplemente un lago e interminable coñazo.
Todos los rusos que conozco me han mirado con cara de "tu estás
tonto!" cuando les he dicho que quería ir hasta Vladivostoc en vez de
volar de vuelta a Pekín. Masoquismo turístico, ea!. Los vagones, un poco
viejos, pero limpios y arreglados, están divididos en compartimentos de 4
literas. Cada vagón tiene un par de
revisores (90% de las veces son revisoras) que son las que cortan el bacalao.
Te despiertan cuando llega tu estación, te dan (y te quitan) las sabanas, mantienen
el samovar lleno y los baños limpios en la mediad de lo posible. Tienen unas
formas un poco marciales pero no se les puede echar en cara. Estas señoras,
aunque se turnen, se hacen los trayectos de pe a pa y eso es una paliza
importante. Imaginad por un momento el tipo de peinados antibalas que deben de
hacerse para aguantar un trayecto así, sin ducha! Tampoco son especialmente
aficionadas a respetar la obligatoriedad del uniforme. Muchas se visten cómodo,
de andar por casa, con una bata o una camiseta larga, todo muy suelto….pero
claro, entonces como sabes que es la revisora? Un par de veces me ha pasado
nada más subirme al tren que una señora (en chándal o similar) me empieza a
decir cosas que no entiendo y al cabo de un rato descubro que es la revisora
que me pide el billete. Creo que teniendo a su jefe a 3000 km de distancia
sienten demasiado el miedo al despido. Recuerdo que un día discutía con alguien
si es discriminatorio exigir a un empleado tener unas determinadas
medidas... .en este caso, lo siento, pero debería ser imperativo. Cuando me
cansaba de mi litera me iba a las asientos del pasillo a leer. Había una
revisora entrada en carnes que se abría paso sin muchos miramientos. Cada vez
que recorría el vagón y llegaba a mi lado tenía que saltar contra la pared en
posición de voy a ser cacheado o morir aplastado por la tromba de culo que
circulaba a toda velocidad.
Otras de las atribuciones de las revisoras -maldita la hora en que se la
dieron- es la de poner la música del vagón. Durante los tres días de este
último tramo nos torturaron con dos cintas. La primera, un horror escapado del
averno del olvido de los 80: Rick Asley, Sabrina. CC Catch... y la segunda, los
grandes éxitos del techo de 1996. Lo sé porque en su día los baile todos sobre
la tarima de Scape Bar Almansa.....pero ya no tengo edad.
En el tramo hasta Vladivostok me tocó un buen par de elementos como compañeros
de viaje. Eugeni, padre, ferroviario cincuentón y Valery, hijo, paraca del
ejercito del aire. Tenían un aspecto bastante lumpen. Probablemente viajaban en
esta categoría gratis por sus respectivos trabajos. El material de lectura que
se habían traído incluía crucigramas y “Mir Criminal” (mundo criminal), una
especie de prensa amarilla con tanta sangre como tetas y culos. La cuarta en
discordia era una señora de unos 70 años que me pregunto unas 20 veces como
decir hola en español, pero que siempre me lo decía en francés. En fin. Al
principio nos tratábamos todos con mucho cuidado. Yo, en ruso, no tenía mucho
que decir, claro. Con el roce nos fuimos soltando y acabamos contándonos media
vida con mi phrasebook, libro va libro viene, como un ping pong de palabras. En
tres días pasamos de separación estricta de comidas a una especie de picnic
colectivo. La señora no participaba mucho. Le ponía pegas a todo menos a los
pepinillos en vinagre de Ulan Ude, que le encantaban.
A lo largo de los días el paisaje fue cambiando poco a poco. Una cosa que no
cambia en los miles de km que he hecho son la dachas. Una especie de huertos
con casa adyacente que todo el mundo tiene en Rusia. Sirven de hobby, de “casa
de campo” y de ayuda económica en forma de verduras frescas propias. Hay dachas
a lo largo y ancho de toda Rusia. En las ciudades las ventanas de las casas
están llenas de plantas de todas clases que la gente cuida al calor de la
calefacción a la espera de la primavera.
En medio de los pasillos del tren hay unos carteles pegados con la lista de
paradas y la gente se pasa el día haciendo viajes para averiguar cuando toco la
próxima. En la mayoría de las estaciones la parada es tan corta que no se puede
bajar, pero unas 3 o 4 al día son de media hora y el tren se vacía sobre los
andenes. La gente fuma, habla, compra comida de las babushcas que hacen negocio
en la estación. La verdad es que se agradecen. Intenté leer despacio para
estirar el par de libros que llevaba, pero a mitad del segundo día me había
acabado todas las lecturas. No me quedo más remedio que dedicarme a mirar el
paisaje un día y medio más. Es parte de la gracia del viaje.
Finalmente llegamos a Vladivostok. Si Irkutsk es el París de
Siberia, a Vladivostok le han encontrado dos parecidos razonables: San
Francisco y Estambul. Lo primero viene por estar junto al Pacífico y por tener
calles empinadas con tranvías que suben y bajan, lo segundo porque está en una
península con la misma forma que el Cuerno de Oro de Estambul y hasta le han
copiado el nombre!
En Vladivostok me aloje en un hotel que se llamaba Moriak, lo que resulto
significar “marinero”. Haciendo honor a su nombre, como compañero de habitación
me toco un fornido hombre de mar que se embarcaba al día siguiente para 6 meses
en un pesquero. Suena mal, pero sería mucho peor si el marino acabase de volver
a puerto después de 6 meses en alta mar, no?
La ciudad tiene mucho encanto. Estar al lado del mar en una península montañosa
ayuda. Hay muchas casas antiguas, calles en cuesta, tranvías, un puerto lleno
de barcos de guerra, marineros de uniforme….Todos los coches que circulan por
la calle son de segunda mano importados de Japón. La gente los prefiere a los
coches rusos nuevos. No se como se aclaran con el volanta a la derecha, pero
ellos sabrán. En el resto de Siberia también hay muchos coches japoneses y al
parecer la gente viene a Vladivostok en tren, los compra y los conduce de
vuelta tropocientos mil kilometros hacia el oeste. Lo más cachondo es que
aunque el tren lleva construido 100 años, la carretera transiberiano aun no la
han acabado (ni piensan) y hay un tramo de 3000 km sin asfaltar!! No me puedo
imaginar lo que debe ser pegarse 10 días conduciendo en medio de la nada por un
camino de cabras…vaya moral!
Estando en Valdivostok tuve un par de momentos surrealistas. El primer día me
encontré por pura casualidad, para asombro mío y de ellas, con un par de monjas
españolas! La cosa fue del tipo: “y tu que haces aquí?”, “pues anda que
vosotras!” . Ver para creer. Estaban allí desde hacia años intentando
“repoblar” espiritualmente la atea Rusia. Al parecer no va mal la cosa. El
segundo momento llegó en mi último día. De repente y por arte de magia todo
Vladivostok se llenó de mozas en sus 17, vestidas con una especie de uniforme
de colegialas, con delantalcito blanco, coletas y una falda demasiado corta.
Estaban por todas partes. Fuera por donde fuera veía grupos de mozas vestidas
de esa guisa. Resulto ser el día de la “graduación”del instituto. Un día de
fiesta. Yo ya había visto unos días antes la graduación de la escuela maternal,
pero lo curioso es que el uniforme de las mayores era el mismo!!! Incluso la
misma talla a juzgar por el largo de las faldas!! Igual estaban reciclando el
que habían usado 8 años antes o quizás es que lo corto triunfa realmente en
Rusia.
Ese día también descubrí que lo del macro botellón no es patrimonio exclusivo
de los españoles. Después de las ceremonias respectivas, todas las mozas y
otros tantos mozos (de traje) se juntaron en el paseo marítimo y se dedicaron a
beber al sol sentaditos en los bancos. Todo esta inventado.
Asi entre paseos y sorpresas llego el día de volverme para China. El último
trayecto, para no romper la racha, también fue en tren. De todos los tramos
este fue el más absurdo. Para recorrer 400km necesitamos 36 horas. El tren tuvo
que parar a esperar otro convoy 8 horas, en la frontera rusa 6 horas, en la
frontera china otras 6….. una pesadilla. En bici lo habría acabado antes! Y
así, a paso de tortuga volví a mi querida China donde estoy ahora, un mes
después, a puntito de salir de viaje otra vez. Esta vez toca Laos. El visado lo
recogí esta mañana y el tren sale dentro de 3 horas hacia Kunming en el Sur de
China y de alli toca cruzar jungla hasta la frontera con Laos. Que ganas! Ya
iré contando.



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