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Como viene siendo habitual, tocamos diana alrededor de las 8:30 y aprovechamos al máximo el desayuno incluído en el precio, que en ésta ocasión tiene lugar en el lujoso salón comedor del castillo. Nos despedimos así de uno de los alojamientos más espectaculares de todo el viaje, sin duda.
Puro se ve con ganas y toma el volante del Mégane. Salimos de la Selva Negra para dejar a un lado Karlsrühe, Stuttgart y Augsburg. En unas 3 horas llegamos a los alrededores de Münich, y nos encaminamos a Dachau, que está realmente cerca. Es sorprendente el tiempo que nos está haciendo, ni en nuestros mejores sueños lo preveíamos así. En estos momentos el termómetro marca 21º.
Damos unas vueltas, pero no encontramos un sitio claro donde comer, así que acabamos donde siempre: el imperio McDonald's. Es casi inevitable, vemos uno cada 10 minutos. Al menos sabes lo que hay, y los precios son los mismos que en cualquier otra parte. Impresionante la cantidad de gente que acude a estas hamburgueserías en Alemania, y en general, en Europa. Está lleno siempre.
Alrededor de las 14:00 ya estamos en el antigüo campo de concentración nazi de Dachau, hoy reconvertido en una extensísima exposición que documenta a los visitantes sobre lo ocurrido allí, y en otros lugares similares, durante la Segunda Guerra Mundial. La entrada es gratuita. Durante la visita, que es totalmente libre, recorremos los antigüos barracones y edificios del lugar, bastante bien conservados. En su interior, multitud de paneles ilustran y explican las torturas, la vida diaria de los presos, los experimentos, los planes que se pusieron en marcha... En definitiva mucha información (eso sí, sólo en inglés y alemán).
También tuvimos acceso a las celdas de encarcelamiento, al inmenso patio exterior, y, lo más escalofriante: las cámaras de gas y los crematorios. Estar allí dentro, con el techo y los grifos de las "duchas" sólo unos centímetros por encima de la cabeza, es bastante angustioso. De todas formas, visita obligada si se pasa por aquí. Tras salir de allí, hacemos una breve visita al flamante Allianz Arena donde se disputó el Mundial de fútbol, para desdramatizar un poco la tarde. Tambien vemos un hotel idéntico al Président del juego de mesa "Hotel". Curioso al menos...
Puro ya anda nervioso e impaciente por beber cerveza como un animal en la Oktoberfest muniquesa (y los demás también, que coño...), así que procedemos a entrar a la ciudad y buscar un buen aparcamiento. Y digo uno bueno, porque se supone que vamos a acabar durmiendo en el vehículo, así que mejor no dejarle en un barrio turbio. Finalmente aparcamos al lado de un parque, cerca del centro. Nos ataviamos con todo lo necesario para mamarse, posiblemente extraviarse, sobrevivir una noche a la intemperie, y conseguir localizar el coche al día siguiente. Que no hemos venido a Münich a finales de Septiembre a comer pipas.
Caminamos largo rato hasta lo que viene a ser el recinto de la feria. Confirmamos lo que ya nos temíamos de antemano: un sábado no es el mejor día para visitar la Oktoberfest. Tal es la cantidad de gente (la mayor parte en estado etílico preocupante) que apenas puedes moverte sin chocar con alguien. Lo primero que vimos fue el parque de atracciones, y luego ya empezamos a divisar las gigantescas carpas, o pabellones, donde tiene lugar la verdadera fiesta. Como era de esperar, acceder a ellos no va a ser tan fácil. Centenares de borrachos se amontonan en las puertas esperando a que los de seguridad les dejen entrar, y es que dentro no cabe ni un alfiler más. Hasta que no salga alguien, no entra nadie. Y encima has de estar provisto de un tícket, que, misterios de la ciencia, no se vende en ningún sitio visible ni anunciado.
Damos por imposible, de momento, entrar a las casetonas esas, e intentamos tomar nuestra primera birra en alguna terraza exterior, que parecen algo más descongestionadas. Falsas esperanzas, no existe ni un asiento, ni un banco, por ocupar. Y nadie tiene cara de tener intención de levantarse en los próximos minutos... horas... Nos encontramos con algunos españoles que tienen el mismo problema, pero no aportan solución alguna.
No nos dimos por vencidos, y gracias a la insistencia de Puro sobretodo, nos pusimos en la montonera de cola que esperaba entrar a una de las "casetas". Al poco, un personajillo se dirige a nosotros y nos pide dinero por obtener unos tíckets. 10 euros each!! Ni nos lo pensamos: ¡ok!. Y comienza a contarnos una larga historia de la que no entendemos la mitad, para acabar dándonos sólo 2 tickets, y asegurándonos que con eso nos dejarían entrar a los 3. A la siguiente oleada, para dentro. Y así fue... bueno no exactamente, a Puro le bloquearon los gorilas por no llevar entrada. Joder vaya liada, y Bur y yo dentro, sin tíckets (los seguratas los rompen cuando entras) y viendo por el cristal a Puro desgañitarse de rabia. En esto que coje, suelta no se cuántos juramentos entre la multitud, y se gira buscando al personaje de antes, que ya estaba timando a otros. Vemos como con una mano le agarra de la pechera, mientras levanta el puño de la otra. Ni un segundo tardó en darle su tícket...
Al fin dentro de la caseta los tres, comenzamos a dar vueltas buscando dónde tomar asiento. No hay cojones. La petada de gente es total, un frenético desfile de borrachos vestidos de tiroleses y camareras con el traje típico portando 6 cervezas de 1 l. en cada mano. Un grupo musical toca en directo subido en un templete central, mientras todo el mundo baila encima de las mesas, debajo, en los pasillos... La cerveza se derrama por doquier y el ir y venir de jarras y grandes fuentes de comida es interminable. Sorprende que casi no hay turistas aquí dentro, la gran mayoría de los presentes va ataviado con el vestido tradicional y todos hablan alemán. Damos por imposible encontrar un banco libre. Lo cojonudo del tema viene cuando nos da por pedir una birra, para tomarla de pies aunque sea. Nos responden que no, que es obligatorio tomar asiento para que te atiendan. Esto es un círculo cerrado al que difícilmente vamos a entrar hoy.
Bastante decepcionados, acabamos saliendo de la caseta. LLevamos 2 horas en la feria y todavía nos ha sido IMPOSIBLE beber siquiera un sorbo de cerveza. Es increíble. Nos dicen que esto no ocurre los días entre semana, que tal saturación es común los sábados por la tarde. Qué suerte.
Por supuesto, siempre hay alternativas, y a unos 100 metros escasos del recinto comienza la zona de bares de Münich. Entramos al primero que vemos, gigantesco, y solicitamos enérgicamente 3 birraaaas!!! Sin duda uno de los momentos más gratificantes del viaje. También aprovechamos para cenar algo allí mismo.
El tipo de cerveza que se utiliza en la Oktoberfest hace fácil ingerir grandes cantidades, entra solo. Las jarras son todas iguales (un litro largo). Empezamos a beber sobre las 19:30, y nos tomamos 3 cada uno en el bar del principio. Supieron a gloria. Luego comenzamos a desbarrar por allí, y volvimos al recinto de la feria. Comprobamos que es divertido proporcionalmente a los litros de birra que lleves encima. Estuvimos por allí bailando con algunos alemanes borrachos, especialmente Puro que ya había entrado en calor. Las casetas cerraban alrededor de las 23:15.
Sobre las 00:30 fuimos a otro bar donde proseguimos la ingesta con más jarras. La borrachera ya era considerable. A estas horas todo el mundo estaba metido en las discotecas que había por allí, pero entrar era un infierno similar al de las casetas. Tras dar muchas vueltas y hacer cosas de las que no tengo constancia o no recuerdo, sé que acabamos en una discoteca y que la cosa se desfasó bastante. Finalmente amanecimos sanos y salvos durmiendo en el coche, en mitad de la calle.
Distancia recorrida: 400 km
Gastos: 65 € (Gasolina, Comida, Parking, Compra reventa Oktoberfest, Cena, Taxi, Cerveza)




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