87a783a566d2e84d23b5a113d8b351d9

Valverde Travel Guide powered by advice from Real Travelers

 Get Real Deal alerts »

Un faro en el límite

From El Hierro; La Isla del fin del mundo in Valverde, Spain on Oct 12 '06

This entry is about:

see all »

3 Places Visited

see all »

8 Trip Photos

see full route »

Itinerary Map

Ata has visited 3 places in Valverde
show more map
Amanece en Las Playas.
Amanece en Las Playas.
see all photos »

No ha salido el sol cuando ya estoy en pie. El Pisco aún duerme y yo trasteo a oscuras por la habitación para no despertarla. Cojo la cámara y salgo a los jardines del parador para dar la bienvenida al nuevo día. El sol ya se intuye en el horizonte. Una franja roja empieza a teñir la superficie del mar allá lejos donde la línea del agua apenas se distingue de la línea del cielo. Al fondo, casi imperceptible, puede verse un Teide que aprovecha un par de huecos en las nubes para hacerse notar. El sol emerge del Atlántico y las peñas que suben hasta el cielo a espaldas del hotel se tiñen de un rojo intenso que va anaranjándose a medida que el disco de luz escala grados en el compás del horizonte. El mar está tranquilo aunque las olas, al golpear los cantos rodados de la playa, hacen un ruido que lo domina todo. Poco a poco, algunos inquilinos de este hotel perdido en este pequeño pedazo del paraíso salen a los paseos para disfrutar del amancer. Unas pocas ventanas se abren para recibir las primeras luces del día y yo, mientras tanto, disparo la Nikkon en busca de alguna foto que justifique el madrugón. El sol no levanta más de un par de dedos cuando vuelvo a la habitación y abro de par en par las puertas de la terraza. El sol, aún de un naranja intenso que parece irreal, inunda la estancia y el Pisco se despierta. Un nuevo día para disfrutar de las bellezas de El Hierro.

El gran boquete de Las Playas.
El gran boquete de Las Playas.
see all photos »

Desayuno continental en el parador y carretera y manta. Hoy tenemos una reunión con la técnico de Turismo del Ayuntamiento de La Frontera para terminar de pactar el 'espíritu de la guía'. He quedado con ella y con Gustavo a las 11 de la mañana. El Pisco ha decidido venir e irse a la playa mientras nosotros estamos en el Ayuntamiento. Salimos del hotel poco antes de las nueve de la mañana, con tiempo más que suficiente para llegar a La Frontera y preparar la reunión con Tavito. Por la mañana, podemos disfrutar de la grandiosidad de Las Playas y de los riscos de Timijiraque. Pese a todo, el huevito vuela por las carreteras herreñas y poco antes de las diez estamos saliendo del túnel y todo el Valle se abre ante nosotros. El cielo está limpio y luce un azul oscuro imponente.

Roque de La Bonanza.
Roque de La Bonanza.
see all photos »

-Esto es muy bonito, -dice el Pisco. Le doy la razón.

El Hotel más pequeño del mundo.- Después de la reunión, comemos en Las Puntas. Desde el Hotel más pequeño del mundo se puede disfrutar de una vista imponente sobre casi toda la costa norte de El Hierro. El Hotel Las Puntas se encuentra situado en lo alto de un pequeño saliente de lava negra que avanza una treintena de metros mar adentro. A diez metros bajo nuestros pies, el agua bate con fuerza haciendo un ruido que casi no nos deja oirnos. El salitre pulverizado vuela en todas las direcciones y me cuesta mantener limpia la lente de la cámara fotográfica. Disparo a diestro y siniestro. Hacia levante, los míticos Roques de Salmor, el que durante siglos se creyó último refugio del lagarto Gigante de El Hierro, se recortan en un cielo completamente azul; hacia poniente, la humedad que las olas lanzan al aire van difuminando las líneas de la costa hasta que la Punta de sabinosa, allá donde la isla se acaba, aparece como una masa azulada sin detalles perceptibles. El hotel está cerrado. Tiene dos habitaciones y presume de poseer el record Guiness como el establecimiento de estas características más pequeño del mundo. Construido con piedra volcánica de intenso color negro, se confunde con las rocas del entorno. Desde lo alto es difícil verlo pero desde aquí abajo, a ras de suelo, el cubo negro de lo que fue, no hace mucho, un almacen para guardar la fruta que se embarcaba desde aquí hacia Europa, se recorta de manera contundente con el cielo. Algunos apliques marineros dan al conjunto un aire de castea de pescadores que resulta encantador.

Detalle del Hotel Las Puntas
Detalle del Hotel Las Puntas
see all photos »

El espectáculo que se divisa desde este lugar es sobrecogedor. Por encima de nuestras cabezas, el risco sube casi en vertical hasta el Mirador de La Peña. La enorme media luna del Valle, que mide unos 25 kilómetros de diámetro, se cierra en su vertiente oriental con los altos de Tibataje. A medida que la línea de costa avanza hacia poniente, el risco se retrae hacia las regiones centrales de El Hierro pero también sube en altura hasta alcanzar esos 1.501 metros de altitud que marca ese alto de Malpaso en la cima de esta pirámide truncada que es este peñasco. Después de Malpaso, el risco vuelve a descender aunque de manera más pausada hasta que las paredes de Mencáfete se desploman de manera abrupta sobre el Atlántico cerca de la Punta de Sabinosa.

El mar aprisionado en el Charco Azul.
El mar aprisionado en el Charco Azul.
see all photos »

El mar entre las lavas.- Gustavito parte hacia el Aeropuerto para volver a casa. Nosotros cogemos el coche e iniciamos nuestra particular exploración por tierras herreñas. La carretera hasta la zona de El Pozo es una interminable recta que sube y baja entre campos de lava moteada acá y acullá por cardones y enormes tabaibas. Aún no es media tarde cuando llegamos al Charco Azul. El coche se queda en una explanada de tierra apisonada. Bajamos las escaleras esculpidas en el risco hasta este capricho de la naturaleza. Brazos de lavas negras se adentran en el mar rompiendo el océano. El Atlántico es caprichoso y quiere recuperar lo que es suyo a golpe de olas que salpican muchos metros de cielo. Cuando llegas abajo te encuentras con un par de charcones de aguas limpias y tranquilas que contrastan con lo agitado del mar. Arcos de basalto, piscinas bajo tierra, columnas de basalto y algunas tarimas de madera que se han puesto como solariums completan la visión de una de las playas más inquietantes que he visto en mi vida. Yo no he traído bañador y me dedico a pasear con la cámara haciendo fotos. El Pisco se va al agua de cabeza.

El Pozo de la Salud, cerrado.
El Pozo de la Salud, cerrado.
see all photos »

Un pueblo aferrado a las alturas.- La carretera sigue avanzando entre campos de piedras volcánicas, lavas y espectaculares desmontes naturales. Poco antes de llegar al pozo, la carretera tuerce a la izquierda y empieza a trepar en zig-zag hacia el pueblecito de Sabinosa. Según vamos subiendo, las tabaibas van dejando paso a los bancales en los que los campesinos han plantado sus viñas y frutales. La viña domina por entero el paisaje y hasta que las sabinas de Mencáfete se adueñan del risco, muchos metros más arriba, son las terrazas de viñas las que marcan el ritmo del paisaje. Cualquiera que no sepa ver lo que hay más allá de esa primera impresión, diría que en Sabinosa no hay gran cosa. Se equivoca. Sólo con ver como los vecinos han aprovechado cualquier tregua que les ofrece la cuesta para hacer sus casas, uno sale satisfecho del paseo. Las terrazas de cultivo rodean las casas blancas y por aquí y por allá se ven lagares que vuelve a testiguar que el vino marca el ritmo de trabajos y cuentas corrientes.

Santuario de Los Reyes.
Santuario de Los Reyes.
see all photos »

Volvemos a descender hacia la costa en busca del famoso Pozo de la Salud. Leemos, llegados a este punto, a Olivia M. Stone, una viajera inglesa que pasó por la isla a finales del siglo XIX: "Un sendero de lava, de picón, conduce hasta un pozo rodeado por cuatro piedras planas que forman un cuadrado de dos pies de alto. A unos cinco pies de distancia hay un banco de piedra desde donde bajan unos escalones hasta el pozo (...) Un hombre con pantalones de tela artesanal, una gorra y una camisa bien remendada, dejó caer una lata oxidada atada con una cuerda para sacar algo de agua y así la probamos. Estaba algo tibia y tenía un ligero sabor a azufre. Un poco más arriba hay unas casetas donde se alojan, cuando están aquí, los que vienen a tomar baños o a beber el agua. Dicen que es buena para las enfermedades de la piel".

Turistas en una de las Sabinas atormentadas por el viento.
Turistas en una de las Sabinas atormentadas por el viento.
see all photos »

Pues nos tendremos que fiar de la señora, porque el pozo está cerado a cal y canto. A nuestras espaldas se levanta un moderno balneario con Spa, servicio de habitaciones y todas esas cosas que se pagan con dinero. Quizás ahora haya que pagar para beber el agua famosa de Sabinosa. Lo que es en este momento, dos maderos atornillados a la tapa del pozo impiden que probemos las bondades del agua. Para el Pisco, me he librado de un más que previsible episodio diarréico aunque me quedo con las ganas de un vasico. Otra vez será, imagino.

La carretera del fin del mundo.- Nosotros seguimos adelante. La carretera se encajona entre el mar y el risco hasta que se abre en la minúscula playa de Arenas blancas, que se dirige mar adentro para terminar en la Punta de Sabinosa. El paisaje volcánico lo domina todo formando un auténtico escenario lunar con piedras rojas, negras, grises, amarillas... Aquí el volcán se tornó en artista. Y así el camino se interna en el extremo occidental del viejo mundo. Pasamos El Verodal con sus arenas rojas y mar bravío y subimos dando vueltas inverosímiles hacia la PUnta de Orchilla. Cuando ganamos altura aparecen algunas sabinillas que nos adelantan la cercanía de La Dehesa. Al poco, muy abajo, aparece la torre esbelta del Faro de Orchilla. Estamos en el mismísimo fin del mundo; o en el principio, que todo depende del lado que tome uno para ver las cosas. Ya hace muchos siglos que el naturalista Plinio (en época de griegos sabios en calzoncillos largos) dijo que este lugar era el final de la tierra. Y la cosa coló, porque la denominación hizo fortuna hasta que el cardenal Richelieu, influenciado por los geógrafos franceses, decidió colocar aquí el meridiano cero; el lugar desde donde se medía el mundo.

El faro, construida con cantería azul de Arucas (se puede decir que hay un trocito de mi Gran Canaria en este lugar mágico) se yergue orgulloso ante la inmensidad del Atlántico. hace mucho que dejamos de ser un país de esos que puede imponer su fuerza a nivel internacional. Por eso el meridiano cero está ahora en Greenwich. En 1884, los ingleses se llevaron el meridiano y convirtieron a Londres en el centro del mundo desde el punto de vista geográfico. El Gobierno de España no hizo nada y más de 2.000 años de historia se fueron a tomar por viento. Nunca he estado en Greenwich, pero estoy seguro que, encima de esa línea de hierro puesta en el suelo, a uno no se le pasa por la cabeza estar en el mismísimo fin del mundo. Aquí sí. Esto es el fin del mundo. Apagas la radio del coqche y sólo oyes al viento. Miras hacia adelante y ves el faro y el mar. Solo mar y cielo. No entiendo porque España se limita a catar cosas como ésta cuando le toca defender lo que es suyo. Pero bueno, es ahora cuando empezamos a sacar cabeza después de siglos de vergüenza y sumisión.

La Señora de los pastores.- Al Pisco no le gustan las iglesias sencillas. Al Pisco le gustan las proporciones densas del románico; los claustros como bosques de árboles de piedra y los capiteles con flores y monstruos que se retuercen haciendo imposibles filigranas. Al Pisco le gustan las gárgolas, los pináculos, los contrafuertes, los triforios y cimborrios; por eso el Pisco pasa casi de puntillas por esta ermita de paredes blancas y desnudas que, sin embargo, es el centro espiritual más importante de El Hierro. Puede que una sola piedra de Notre Dame o Burgos, o Santiago de Compostela valgan más y merezcan más letras que este santuario de Nuestra Señora de Los Reyes, pero lo que de aquí embarga es la simplicidad y el espacio. Y, además, esto es El Hierro, no París. Dicen que la noche de reyes de 1546 sacudió la isla una tormenta que obligó a los pastores a resguardarse en una cueva cercana a La Dehesa.

Por la mañana, los pastores vieron que un barco estaba anclado en la bahía cercana al Verodal y se acercaron a verlo. El capitán desembarcó y les dijo que vientos contrarios le habían obligado a recalar en la isla, aunque iba a Cuba. A cambio de agua y queso, el marino dejó en tierra una pequeña imagen de la Virgen que no tardó en convertirse en la patrona de la isla. Obviaremos milagros y lluvias, aunque hay que reseñar que esta pequeña imagen, que preside un templo austero y chiquitito como ella, levanta pasiones entre los herreños. Nosotrso damos un paseo junto a los muros níveos del santuario e, incluso, subimos al campanario desde el que se ven las extensiones azules que prosiguen al faro de Orchilla. Los turistas se arremolinan junto a la imagen. El interior es también sencillo, sin ningún tipo de pretensiones.

hay que avanzar y en pocos minutos ya estamos rodando por las pistas de tierra de La Dehesa. Muretes de piedra separan las tierras de pastoeo donde se ven animales pastando aquí y allá. Abundan las vacas y toros mansos que apenas nos miran de reojo cuando el huevito pasa a su lado. El coche avanza a unos 10 kilómetros por hora junto aun toro enorme de color plateado. sabemos que es un toro porque tiene todo el 'aquel' en posición de ataque. El Pisco aminora la marcha para que el sujeto no se mosquee y le dé por ir a por el Toyota Yaris. Tenemos suerte y los animales desaparecen cuando empiezan a verse las primeras sabinas.

Los árboles que claudicaron.- Estamos ante uno de los paisajes más enigmáticos y extraños de Canarias. Estamos en los últimos estertores del verano y los colores ocres y amarillos dominan el lienzo. El sabinar es un paraje rácano y hasta ralo. Las sabinas, retorcidas por el viento, se diseminan de cuando en cuando para dar una pincelada de gris plata y verde oscuro en una ladera de tonos terrosos. El terreno vuelve a picar hacia abajo en busca del mar y los árboles, que bajan la cabeza para acatar la aplastante dictadura del viento, buscando el resguardo de los cauces de los barranquillos. Los visitantes buscan la foto en la llamada Sabina de Machín. Está junto al aparcamiento y es uno de los iconos más reconocibles de la isla. El tronco es la única parte del árbol que muestra un atisbo de dignidad, ya que apenas alcanza un metro del suelo, se arquea de manera inverosímil para buscar el suelo con su copa. El viento ha obligado a estos árboles a arrastrarse para sobrevivir, un panorama de gigantes vencidos que crea un cuadro difícil de olvidar. Un par de fotografías y un breve paseo antes de volver al Parador.

El regreso se hace por las laderas del Sur de la Isla. El camino serpentea entre los pinos, aunque una densa niebla no nos permite disfrutar del paisaje. Cerca del Morcillo, junto a El Pinar, los troncos se vuelven negros como testigos de la tragedia que ha vivido la isla hace apenas una semana. Dejamos las huellas del fuego y salimos de la niebla cerca del cruce para Valverde. Cuando las nubes se retiran, el paisaje dejado por el incendio es desolador. Me acuerdo de aquellos veranos en la Hoya del Morcillo; aquellos pinares esplendorosos; aquellas siestas bajo los árboles...

El sol de la tarde ilumina la montaña que sirve de asiento al pueblecito de San Andrés. A lo lejos, sobre un pequeño plano de nubes muy blancas sobresalen los altos del Garajonay. Más atras, coloreado de tonos naranjas por las últimas luces de la tarde, ese Teide omnipresente. A Valverde llegamos ya con las primeras sombras de la noche. Nos echamos un café con dulces (lamentables) en una cafetería a la entrada de la Villa antes de seguir ruta hacia Las Playas. Ya es noche cerrada. Hora de cenar.


Would you like to comment or ask a question?

Sign up for a free account, or sign in (if you're already a member).

Where have you been lately?

Share your travels with friends & family

Free travel blog
Sign up for a free travel blog