El baile de los carneros
From El Hierro; La Isla del fin del mundo in Valverde, Spain on Oct 11 '06
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El Fast-Ferry avanza con una rapidez que resta contenido al viaje por mar. Ya lo dije con anterioridad: ya poco se parece a aquellas travesías de hace apenas unos años en las que El Hierro seguía estando lejos. Hoy, El Hierro está a dos horas de la costa Sur de la isla de Tenerife. Cogemos el barco a las 10 de la mañana y en media hora ya estamos bordeando la costa de La Gomera. San Sebastián-Playa Santiago- Valle Gran Rey... Todo pasa demasiado deprisa para poder abstraerse en detalles o, incluso, para buscar alguna aleta que rasgue el agua y que delate la presencia de alguno de los bichos fantásticos que habitan por estas aguas.
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El día es espléndido. El cielo es azul y el mar está en perfecta calma. Según nos alejamos de Tenerife, el Teide va creciendo en altura. Una vez, Vicente me dijo que el Teide es una montaña engañosa; es de las pocas que parece más grande cuanto más lejos estás de ella. Ahora, cuando en la proa del catamarán ya se dibujan las montañas de la Isla más pequeña del Archipiélago canario, el volcán se eleva por encima de las aguas con una altivez grandiosa. Desde aquí, con mucho Atlántico de por medio, es enorme. Hasta el mismísimo Robinson Crussoe, cuando escapó de su cautiverio en Marruecos, lo buscó con ahínco para llegar a tierra de cristianos. Seguro que cogió uno de esos días con calima (polvo en suspensión que llega a Canarias desde el Desierto del Sáhara), porque esta pirámide descomunal (alcanza los 3.718 metros de altitud), es difícil no verla.
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Llegamos al Puerto de La Estaca cuando pasan algunos minutos de las doce del mediodía. Llamo a Gustavo antes de salir para ver por donde anda. Quedamos en San Andrés. El puerto ha cambiado mucho en todos estos años. Las últimas veces que he estado por aquí he llegado siempre por avión y no he podido ver hasta hoy, lo mucho que ha cambiado aquel puertecillo que nos acogía no hace mucho tiempo. Me contó una vez Carlos Mateo que la primera vez que vino a El Hierro, el barco no pudo entrar en el muelle a causa del oleaje que sacudía con violencia al espigón. Me contó, junto a la barandilla del viejo Villa de Agaete un día de verano de 1994, que uno de los pasajeros, ni corto ni perezoso, se lanzó al agua para ganar la costa a nado y que cuando el barco lo rescató se disculpó diciendo que aquella misma tarde se casaba y que no podía volver otra vez a Gran Canaria. El progreso puede no parecer demasiado atractivo para los que visitan la isla, pero es vital para los isleños. Hoy, la puerta de entrada a El Hierro desde el mar es digna de la grandiosidad de la propia isla. Salimos de la barriga del monstruo como jonases motorizados. En pocos minutos, la tranquila carretera que une La Estaca y Valverde se convierte en una vía de intenso tráfico que va repartiendo por la isla a todos los que hemos llegado hace unos minutos en el catamarán.
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San Andrés.- Subimos hacia la pequeña ciudad de Valverde serpenteando entre volcanes extintos y campos de tabaibas y cardones. Valverde es la única capital canaria que se encuentra lejos del mar. La pequeña villa (apenas alcanza los 1.700 habitantes) se desparrama por las laderas a más de 600 metros de altitud. Pasamos de largo. Cruzamos velozmente la calle principal de la ciudad camino de San Andrés, en la entrada del altiplano de Nisdafe. En pocos minutos estamos aparcando nuestro huevito (un Toyota Yaris color plata) en la carretera principal. Callejeamos entre las casas de San Andrés. Casas de arquitectura popular canaria y un paisaje dominado por el gran volcán que guarda las espaldas al pueblo son la nota predominante de un paisaje que se aplana a occidente formando la llanura ganadera de Nisdafe. La pequeña ermita de San Andrés es el único edificio que sobrepasa las dimensiones discretas de las casas unifamiliares herreñas. Casitas encantadoras de paredes blancas con esquineros de lava negra y tejas planas de color rojo. Hago algunas fotografías mientras paseamos entre los muretes de piedra seca y los huertecillos primorosamente cuidados.
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Gustavo llega a los pocos minutos y nos vamos a comer algo a La Fraternidad, uno de los pocos bares de San Andrés. Queso ahumado herreño y una de las mejores carnes de cabra que he probado en mi vida. La camarera nos cala enseguida y descubre nuestra condición de canariones (habitantes de Gran Canaria); nos cuenta que tiene varios primos en la capital y que va para allá varas veces al año. Regamos la comida con vino herreño (peleón como él solo --En Gran Canaria, durante gra parte del siglo XIX se prohibió la venta de vino herreño porque tenía fama de encender los ánimos y provocar peleas--) y vemos con sorpresa que varios de los pasajeros que coincidieron con nosotros en el barco están también comiento en el salón del bar La Fraternidad. Satisfechos salimos en dirección a La Llanía. Gustavo ha quedado a media tarde con los chicos que salen en carnaval vestidos de carnero en La Frontera y antes haremos un par de fotografías en La Llanía, uno de los pocos bosques de Laurisilva que aún quedan en la Isla. Lo seguimos.
A poco de volar (Gustavo conduce muy rápido) por las llanuras de Nisdafe, Gustavito da un frenazo y sale del coche cámara en mano. Un rebaño de ovejas y cabras pasta tranquilamente en uno de los cercados de piedras oscuras que salpican las llanuras de Nisdafe. Los pastos verdes y las piedras grises que forman hileras de kilómetros de longitud dan a esta parte de la isla un aspecto casi irlandés. Estamos en octubre y los estragos de un verano bastante fuerte han dejado la hierba de un lastimero color entre verduzco y ocre que quita espectacularidad al conjunto. Las cabras y ovejas se comen lo que pueden mientras las primeras nubes de la tarde empiezan a derramarse sobre el altiplano tras subir por las paredes verticales de El Golfo. El Hierro es una isla eminentemente agraria. Ganadería y Agricultura ocupan la cúspide del sistema productivo herreño: el Turismo empieza a hacerse un hueco, pero, afortunadamente, los animales y cultivos siguen garantizando el mantenimiento de los paisajes de la Isla. Todo lo contrario que en la mía.
La Llanía.- La carretera que une Valverde y El Golfo repunta hacia arriba antes de iniciar el descenso hacia La Frontera. Justo antes de empezar la bajada se encuentra el bosque de La Llanía, uno de los bosques de Laurisilva que aún quedan en buen estado en la isla. Este tipo de bosque, que en la rea terciaria ocupaba toda la cuenca mediterránea, esta hoy recluido en Canarias, Madeira y Azores. Es un bosque húmedo con árboles que cubren el cielo y troncos recubieros de musgo por la humedad. El mar de nubes (condensación de la humedad motivada por lo escarpado del terreno) deja en el ambiente una gran cantidad de agua que da como resultado este bosque mágico. Gustavito se explaya haciendo fotografías mientras el Pisco y yo paseamos disfrutando del silencio del lugar. De vez en cuando, algún aleteo de pájaro rompe la monotonía del siseo del viento entre las ramas. La niebla empieza a adueñarse del paisaje dando a La Llanía un aspecto aún más misterioso.
Volvemos a la carretera y empezamos a bajar hacia La Frontera. Hemos quedado con los carneros a las cinco de la tarde. El camino baja hasta el valle pegado a las laderas de El Golfo, un imponente semicírculo de piedra que alcanza los 1.500 metros de altitud en su parte más alta (Malpaso --1.501 metros sobre el nivel del mar--). Durante los primeros kilómetros, la Laurisilva sigue dominando el paisaje hasta que, de repente, los bancales de viñas se adueñan por completo de la ladera dejando vía libre a los ojos sobre el imponente paisaje de El Golfo. Hacia naciente, el circo de piedra va bajando hasta terminar, ya en el mar, en los Roques de Salmor; hacia poniente, el muro se resiste a perder altura y se desploma directamente sobre el Atlántico dejando un estrecho margen para la Punta de Sabinosa. En medio, todo un valle lleno de viñas, frutales, plantíos de piña tropical, plataneras y los pueblecitos recoletos que salpican el paisaje. En pocos minutos entramos en La Frontera y Tigaday, los dos núcleos de población que forman la cabeza administrativa del municipio de La Frontera.
Pieles infernales.- No tenemos que esperar mucho hasta que llegan los carneros. Marcos es un chaval que ronda la treintena y es el que maneja todo el cotarro. Nos cuenta que la tradición de los carneros se recuperó después de la guerra civil española (1936-1939) gracias a la labor de Don Benito Padrón, un señor que decidió recobrar los antiguos bailes de carnaval que él recordaba de niño y que se han convertido en una de las señas de identidad de los carnavales de El Hierro. Marcos nos comenta que al principio, muy pocos se tomaban en serio a los dos o tres chalados que se vistieron con las pieles de viejos animales para salir a las calles y caminos del pueblo, asustar a los niños y meter un poquito de ruido. A principios de este año, don Benito murió y su idea se ha convertido en una de las tradiciones rescatadas con más éxito del Archipiélago canario. Yo, sentado en el suelo y tomando notas, veo como los tres muchachos se van convirtiendo en carneros.
Las pieles, que se secan al sol tras darles algunos baños de mar, suentan un olor agrio y desagradble al que es difícil acostumbrarse. Capuchones de piel con grandes cuernos y betún que cubre por entero cualquier trozo de piel humana que quede al aire completan el disfraz. Gustavo saca algunas fotos y los chicos me animan a que pose con ellos: sufro un ataque de los carneros. Me pintan la cara con betún y quedo hecho un cromo. Gustavo inmortaliza este ataque de los carneros que, en febrero, volverán a salir las tardes del domingo y martes de Carnaval. Sé que en Gran Canaria, en un pequeño pueblo llamado La Aldea de San Nicolás, intentan rescatar una tradición parecida llamada 'los baifos'. En esta ocasión son los niños menores de 12 años los que se transforman en un enorme rebaño que es conducido por los adultos por las calles de la población. Los diablos de Tijarafe (La Palma) o los diabletes de Teguise (Lanzarote) son versiones más 'civilizadas' de una tradición que también se encuentra en el norte de África. Yo he podido rastrear fiestas similares en el Rif (bajo el nombre de Buyelud) y el Atlas (Bilmawen). Quizás sea una herencia de nuestros antepasados bereberes que nos ha llegado directamente de las montañas norteafricanas. Aquí, en La Frontera, son los más jóvenes los que garantizan la continuidad de una tradición que hunde sus raíces en costumbres de milenios. Esta es una de las particularidades de El Hierro. El apego de sus gentes por las tradiciones.
Atardece en El Golfo.- Los carneros se limpian y se ofrecen a llevarnos a unos lagares tradicionales que aún quedan en pie en las zonas altas de Los Llanillos. Avanzamos por carreteras empinadas que suben hacia las laderas de El Golfo entre paredones de piedra y parrales achaparrados que arastran sus hojas ya agostadas por el suelo. Mientras Gustavo hace fotografías de los lagares, nosotros disfrutamos de un atardecer espectacular. Los lagares han sido testigos de la última vendimia realizada hace apenas unas semanas. Los restos bermejos de los racimos, que huelen a fermento dulzón, se acumulan sobre el techo de las prensas de uva. Las laderas de El Golfo ya arrojan la sombra sobre nosotros, pero el sol aún ilumina los Roques de Salmor. Nosotros nos despedimos de nuestros carneros-guía y de Gustavito, que dormirá en La Frontera.
Recorremos la carretera que lleva a la capital por el nuevo túnel cuando nos sorrende la noche. Las luces de Valverde quedan a nuestra derecha cuando bajamos hacia La Estaca. En pocos minutos dejamos atrás el puerto y recorremos las márgenes de Timijiraque hasta el túnel de Las Playas. Ya es noche cerrada cuando logro quitarme el olor rancio a carnero en la ducha de nuestra habitación del Parador Nacional de El Hierro. Una cena como Dios manda con buen queso herreño, un tinto de Ribera del Duero y dos buenos platos de comida de gourmet dan por concluido este primer día en la Isla de El Hierro. No tardamos mucho en caer dormidos. Fuera, tras la puerta de la terraza, el rítmico son del golpeo de las olas nos ayuda a conciliar el sueño.
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