De Tarraco a Gerunda
From VÃa Augusta 2006 (De Málaca a Roma) in Gerona, Spain on Aug 08 '06
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Seguimos nuestro viaje hacia Roma. Tal como ayer, nos ponemos en pie con las primeras luces del dÃa. Para no perder demasiado tiempo, desayunamos en las inmediaciones del hotel y hacemos el preceptivo check-out. Eso de organizar los viajes por internet es un punto. Todo pagado desde casa vÃa tarjeta y no hay que preocuparse por nada. Dos noches en un cuatro estrellas nos han salido por menos de 140 euros. Como ya comenté con anterioridad, todo es muy diferente a aquella noche de pesadilla matando mosquitos en el Hotel Cosmos. Dos años y tres estrellas nos separan de aquella primera vez que pisamos esta ciudad. Nuestro C3 ha descansado estos casi dos dÃas de tranquilidad en el aparcamiento del hotel. Salimos por la Rambla Nova para retomar la vÃa augusta. Y es, por ahÃ, por donde abandonamos Tarraco. Después de la Rambla Vella, la calle gira de manera brusca hacia la izquierda y transcurre de forma paralela a los lienzos de las murallas de la ciudad. La avenida que avanza junto a la costa se llama, como no podÃa ser de otra manera, VÃa Augusta.
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La República romana prohibió a sus ciudadanos enterrarse en el interior de las ciudades. Según hemos podido leer, el secreto de la inmortalidad era que te conocieran, que se hablara de tÃ. Los hombres y mujeres de Roma creÃan que uno disfrutaba del paraÃso mientras en este mundo alguien se acordara de ellos. Pues para lograr este doble objetivo, los cementerios prosperaron a lo largo de los caminos que se convirtieron en avenidas flanqueadas de tumbas grandes y pequeñas; de mausoleos y sencillas lápidas hincadas en el suelo. Hoy, los chalets de los ricos de Tarragona se extienden a ambos lados de la VÃa Augusta. A pocos kilómetros de la ciudad se encuentra la Torre de los Escipiones, la única superviviente de aquella necrópolis tarraconensis que llegó, como hemos visto, bastante más allá de las puertas de la ciudad.
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Paramos en una gasolinera para llenar las tripas del C3 y limpiar el parabrisas de miles de bichitos incrustados. El indicador de la gasolina está otra vez con cinco rallitas (lleno) y emprendemos camino. PodrÃamos ir por la autovÃa (de peaje) y llegar a nuestro destino en pocas horas, pero optamos por la N-340 en busca del verdadero trazado de la VÃa Augusta. A pocos kilómetros hacemos una paradita en el Arc de Bará, un arco triunfal plantado en plebna VÃa Augusta que se levantó durante el reinado de Augusto, sobre el año 13 aC. La inscripción que se conserva dice: «Ex testamento L(uci) Licini L(uci) f(ilii) Serg(ia tribu) Surae consa[...]». Se supone que fue dedicado a Augusto o a su genio y que sirvió para marcar los lÃmites territoriales que dependÃan directamente de la ciudad de Tarragona.El arco, de piedra caliza que casi parece blanca, recuerda las hazañas de un tal Lucinio que debió ser algún general o centurión o algo por el estilo. ¿Cómo se llamarÃan los soldados que llevó al matadero a lo largo de su carrera militar? Como siempre, de ellos nunca más se supo. Nosotros les rendimos un silencioso homenaje y seguimos hacia adelante.
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La mañana se hace un pelÃn pesada. Después de abandonar la zona de influencia de Tarragona, la N-340 se mete en el Penedés y serpentea hacia arriba buscando los bosques de pinos de la zona de El Garraf. Colas interminables y tráfico lento. Salir de El Garraf nos cuesta lo suyo y hasta poco antes de media mañana no logramos ponernos en la senda de la circunvalación de Barcelona. Para variar, nos equivocamos y entramos en la capital catalana. Bonita e impresionante, como siempre. Nos rehacemos del error en pocos minutos y antes del mediodÃa ya estamos avanzando con rapidez por las localidades del Maresme: Badalona; Mataró, Canet; Calella. En un par de horas más, giramos tierra adentro y avanzamos entre pinares hacia la ciudad de Gerona. Las torres medievales sobresalen de las copas de los árboles. Ya estamos en la Gerunda de los romanos. Son poco más de las dos de la tarde cuando empezamos a callejear sin mucho sentido por las calles de la ciudad en busca de nuestro hotel. Hemos recorrido, desde Barcelona, unos 90 kilómetros. Si hubieramos pasado por caja, la autopista de peaje nos habrÃa dejado aquà en apenas tres cuartos de hora. La idea de visitar Ampurias se pospone para mañana. Hoy volveremos a pasear por las callejuelas recoletas de Gerona.
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Menú a 7,50 en un barecillo de la Plaza de la Independencia. No es que nos hayamos quedao fetén, pero no ha estado mal la comida del todo. Tal como sucedió con Tarragona, lo de hoy es un reencuentro; una relectura más tranquila y pausadadespuésde otro paso fugaz hace apenas dos veranos. Cruzamos el Onyar por el puente de hierro y nos internamos en el laberinto de piedra que esconde la muralla de casas multicolores que se asoma a la otra orilla del rÃo. Por encima de los tejados asoman las torres de la Catedral y de la Iglesia de San Feliú. El mar queda lejos, pero las gaviotas han hecho del rÃo su despensa inagotable. Callejeamos por las esquinas y puertas de la juderÃa de tarragona. Desde el rÃo, se adivinan las pequeñas aperturas que comunican la Gerona de hoy con la deayer. Una vez cruzasese umbral, la ciudad se convierte en un laberinto decallecillas, arcos de piedra, escaleras que suben muy arriba o bajan muy abajo, pequeñas avenidas de soportales góticos y esquinas con ángulos inverosÃmiles. Todo ello de una piedra desnuda que da aún más personalidad a una de las ciudades más bonitas de España. En este casco apretujado no hay tregua para el sol. Las ventanas de las casas enfrentadas en lascalles casi se tocan y el trazado atormentado hace que casi no llegue la luz del sol a los adoquines pulidos del suelo. La única tregua a la 'bendita anarquÃa arquiitectónica' medieval serompe con la moderna Rambla de la Llibertat, aunque han tenido el acierto de construirla respetando al máximo el entorno.
Otra cosa que nos gusta de Gerona es que tiene un buen par de librerÃas encantadoras. Hoy hemos descubierto la llibrerÃa Ulyssus, una pequeña tienda que se abre al Onyar especializada en literatura de viajes. Si algún dÃa pasas por esta ciudad no te la pierdas. Hay guÃas de casi cualquier sitio y una buena colección de mapas. Imprescindible para el viajero. Desppués de hacernos con un par de llibros y algún cuaderno seguimos juderÃa arriba en busca de la Catedral y los baños árabes. Si... Lo has oÃdo bien, unos baños árabes en Gerona. En un principio, esto ne deberÃa tener demasiado sentido, pero la explicación, aunque extraña, no es un galimatÃas histórico. En Gerona, la presemcia árabe se limitó a tres décadas ( ) y la zona quedó rápidamente asimilada por los condados catalanes en una zona de frontera con los reinos francos. Pues bien, en 1194, se construyeron unos baños a semejanza de los de Al-Andalus, pero con una cuidada arquitectura románica que creo los hace únicos en España (yo nunca he visto nada igual). Tienen la misma estructura, pero donde en el Sur reina el arco mozárabe, aquà reina el de medio punto.
El ladrillo deja lugar a la piedra y la atmósfera se parece mása la de un monasterio cristiano que a la de unas termas. Teniendo en cuenta la costumbre tan arraigada de nuestros antepasados cristianos de meterse en el agua lo menos posible, lo de estos banys arabs tan al norte de las tierras controladas por Córdoba es, cuanto menos, sorprendente. Aún más si atendemos al año de su construcción: El imperio Almohade está en plena expansión y las fronteras vuelven a acercarse peligrosamente a los reinos del norte. Apenas quince años después de ponerse la primera piedra de estos baños, los cristianos cargan contra los almohades en Las Navas de Tolosa y la élite de gerona se dedica a construirse un capricho oriental. Ha sido una muy grata sorpresa. En el siglo XV, el edificio pasó a manos de la iglesia y sus instalaciones se utilizaron como lavadero, cocina y despensa. Aún hoy, trabajan para restaurarlos del todo.
Al igual que el resto de la ciudad. Una ciudad tremendamente alta para ser medieval. Los edificios tienen una dimensión vertical espectacular. Esto es la Manhattan del románico. Todo es alto, muy alto. Nos pasamos por el Museo Arqueológico (nada del otro mundo y todo expuesto como el culo) y damos un paseo por iglesias y callejuelas (no entramos a la catedral porque al Pisco no le gustó cuando estuvimos aquà por primera vez pese a que es una joya del gótico francés --tiene el bano gótico más ancho de Europa--) antesde que anochezca. Al hotel a asearnos para salir a cenar.
Mientras Ana se duchaba he puesto la tele del hotel para ver un poco las noticias y saber que es lo se se sigue cociendo en este mundo de locos. Maragall hoy ha presentado el nuevo Estatut en un pueblecito de por aquà cerca, creo, y ha comentado que hoy Cataluña tiene, porfin una amiga que la comprende y que la respeta. Yo me he leÃdo el Estatut y no hallo nada que me moleste en él. Hoy, el President ha dicho una verdad como un templo. Por primera vez en nuestra historia, estamos construyendo una España coherente con su propia composición. España no es una; España es grande y libre, ahora más que nunca, pero nunca fue una. Somos mucho y esa es nuestra principal fuente de riqueza como pueblo y como nación. Una España única e indivisible sólo provocará que desaparezca nuestra historia en común y nuesttro proyecto como paÃs. Eso lo sabemos todos, aunque algunos gusten de soliviantar a las masas ignorantes para levantar ese sentimiento anticatalán que florece en las comunidades quedisfrutan de un nivel de vida europeo gracias al sudor de los trabajadores y al espÃritu emprendedor de comunidades commo Cataluña. Qué porqué digo todo esto... Es indignante que de Madrid salgan autovÃas gratuitas hacia cualquier rincón de España y que los catalanes tengan que pagar peajes para circular por su propia tierra. Indignante.
Cena el el Lizarrán: rabas, ensaladas, agún pintxo que otro y litros de cocacola light. ¡Mierda de endocrino!. Mañana será otro dÃa.
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