Tormenta sobre Génova
From VÃa Augusta 2006 (De Málaca a Roma) in Genova, Italy on Aug 12 '06
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Truena sobre nuestras cabezas. Afuera, el agua y el viento golpean con rabia la lona de nuestra Altus. En el camping hay movimiento. Algunos, los que han confiado en material poco fiable, las pasan putas y se les oye gritar. De vez en cuando, los relámpagos que anuncian trueno iluminan el interior de la tienda. Ana no puede dormir. Ahora me acuerdo de las palabras de ayer: "eso está más cerca de Génova que de nosotros". Y tanto. Hoy estamos bajo la tormenta; la misma que ayer, apoyados en el murete de geranios frente al Mediterráneo, vimos desde las calles de Antheor. Y no me equivoqué: "Eso está mas cerca de Génova que de nosotros..."
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Y mira que empezó el dÃa bien. Hoy ha sido la mañana en la que nos hemos puesto en marcha más temprano. Antes de amanecer nos hemos levantado para ver la salida del sol desde la playa de Antheor. Sublime. El color rojo de las montañas y el mar en total calma crean un cuadro que, creo, no se nos borrará de las cabezas mientras vivamos. Simplemente glorioso. Antes de desayunar hemos dado un paseo por la playa. la verdad es que este es uno de los lugares más hermosos que he visto en mi vida. tampoco he viajado lo suficiente como para que estas palabras sean muy creÃbles. Pero, a dÃa de hoy, esto es uno de los pocos lugares realmente mágicos que he tenido la suerte de visitar. El mar azul y tranquilo nada tiene que ver con aquellas aguas verdosas y malolientes del Etang de Berre. Si no fuera porque el agua estaba estaba plagada de medusas, hubiera inaugurado el dÃa con un buen baño.
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Nos despedimos de Antheor convencidos de que algún dÃa habremos de volver. Hoy hemos quemado nuestra última etapa francesa de la VÃa Augusta. Italia. Ya falta menos para ver Roma. A los pocos minutos de viaje nos hemos dado el gusto de parar el C3 y echar un último vistazo a las montañas rojas de Antheor. El contraste con un mar azul esplendoroso es impresionante. En dirección a Niza, se ven los dientes de sierra de las primeras estribaciones de los Alpes. Algunas montañas, que se distinguen a duras penas por la lejanÃa, lucen, a mediados de agosto, vistosos penachos blancos. Seguimos hacia adelante trazando curvas entre mansiones que llegan al mar, pinares y pequeñas calas de arenas blancas. No es de extrañar que la alta sociedad francesa haya escogido este lugar como lugar de descanso. No sé como será este lugar en invierno, pero en estos dios dÃas de verano me ha parecido un buen lugar para estar.
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Cannes: Glamour. Paramos con la escusa de asaltar un cajero antes de entrar en Italia y nos ha dado uno de los paseos más bonitos de lo que llevamos de viaje. Primero por su puerto. Se nota que la gente que vive por aquà es de 'posibles'. yates increÃbles, veleros. La entrada de Cannes es una sucesión de playas donde, a primeras horas de la mañana, ya hay que sudar para encontrar un sitio donde lucir palmito. Después, la ciudad es un verdadero encanto. Dejamos el coche y decidimos dar una vueltecilla por sus callejuelas estrechas. Se lo dije al Pisco y me dio la razón: "Esto es como el AlbaicÃn pero bien cuidado y pintado en tonos pastel". callejuelas estrechas, escaleras empinadas, recodos imposibles, cuestas que van muy arriba o muy abajo. Todo ello aderezado con fachadas impolutas de amarillos suaves, rosas pálido, granates degradados. En definitiva: una maravilla.
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Subimos hasta la iglesia de Nuestra Señora de los Pino, en plena ciudadela medieval. La cosa no es que sea muy espectacular que digamos, pero las vistas desde aquà sobre la bahÃa son increÃbles. Algunos niños juegan en las murallas. A parte de una señora mayor que está sentada en un banco, somos los únicos que esta mañana caminan entre los muros del antiguo castillo de Le Castre. Para bajar escogemos las callejas más estrechas y las escaleras más caprichosas. Aquà la gente sabe como tratar bien a una ciudad. las calles están bien cuidadas, las casas impolutas y las ventanas llenas de tiestos con flores. A las horas que volvemos a la parte baja del barrio antiguo, las terrazas empiezan a llenarse de turistas. El cine está por todos los lados. Los cafés exhiben orgullosos las fotografÃas de las estrellas que han pasado por ellos t hasta las paradas de las guaguas están decoradas con posters enormes de los rostros más conocidos del séptimo arte. Hasta nuestra Pénelope Cruz tiene una parada de guaguas en Cannes. La ciudad es encantadora, pero seguimos camino.
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Poco después de atravesar la avenida marÃtima de Cannes volvemos a la cruda realidad de las carreteras secundarias francesas. A poco de entrar en Niza, nos convencemos de que recorrer las vÃas sinuosas de las inmediaciones de Montecarlo es poco menos que una quimera. Decidimos entrar en Italia vÃa autopista; ya sabemos que en Francia, todos los hombres son iguales, pero los ricos van más rápido (hay que pagar peaje). Antes, visita a una de las afamadas boulanguerÃes de Niza. Una panaderÃa como Dios manda. El Pisco se atiborra a dulces (maldita dieta). Volamos, una vez más, sobre el asfalto de la A8. Velocidad de crucero: 135 kilómetros por hora. Pasamos en pocos minutos la salida a Montecarlo (ese nido de piratas convertido en paÃs gracias a una chapuza del ministerio de Asuntos Exteriores español del XVI --Es una cancillerÃa tradicionalmente dirigida por incapaces--) y en una sucesión de túnel puente, puente túnel llegamos a la frontera italiana. El cuentakilómetros marca 2.004 kilómetros desde nuestra salida de AlmerÃa.
A diferencia con La Junquera, aquà no hay control policial. La autopista se estrecha en Italia y pasa a ser de dos carriles y con algún bache que otro. El paisaje no ha cambiado nada, pero todo tiene un aire más latino. Las laderas que antes estaban ocupadas por villas multimillonarias ahora aparecen salpicadas de pueblecitos más humildes y casas con invernaderos. Los pueblos costeros presentan, de manera más acusada, el dominio del bloque de apartamentos sobre el chalet. Esto es Italia y en poco más de una hora estamos en Génova. Nos sorprende gratamente el ambiente cosmopolita de la radio italiana. Estábamos hasta los mismos de la chansón francoise. En Italia suena música en italiano, francés, inglés y, para nuestra sorpresa, bastante en español.
Génova: una de las decepciones más grandes que me he llevado en la vida. A parte de que aparcar el coche o circular sin que te maten es toda una aventura, esta ciudad sufre un abandono tan grande por parte de sus ciudadanos que da hasta lástima caminar por sus calles. Previo al paseo comida basura en las inmediaciones de la Piaza della Vittoria. Génova ha vivido tiempos mejores. Se le ve ese aire señorial de las grandes ciudades de la historia de la humanidad, pero hoy, sus hijos, la tienen sumida en una cochambrosa pátina de decadencia y desidia que duele.
Después de una auténntica odisea para encontrar la oficina de Turismo, damos un paseo por las entrañas de la ciudad; la primera parada es la Catedral de San Lorenzo. Bonita pero sin excesos. Hay varias alternativas. Optamos por un camino temático que dice Génova Medieval. Desde el principio, la ruta se hunde por callejones decrépitos llenos de excrementos de animales de cuatro y dos patas, ratas muertas, basura y hasta colchones abandonados. Las casas se caen a cachos y gran parte del barrio está apuntalado. Del desastre sobresalen algunas joyas románicas como la ermita de San Cossimo o la iglesia de Santa MarÃa de Castello. Bien cuidada, esta ciiudad serÃa preciosa. Lo único que luce impoluto es un rosario de banderas del Genoa en casi cada balcón de la ciudad.
El camino sigue de estropicio en estropicio hasta el Chiostro de San Andrea, un claustro sin iglesia que ha quedado como magnÃfico ejemplo de escultura románica lombarda. A pocos metros, la supuesta casa donde nació Cristóbal Colón. ¿Cierto? Bueno, ellos dicen que sÃ, aunque la figura del navegante no aparece omnipresente como cabiera esperar. Su presencia en la ciudad es más bien discreta. ¿Genovés? Dicen que fue un judÃo catalán... Manda huevos, judÃo y catalán.
Es una lástima. No hay tiempo de visitar el museo del Mare. Con la tradición marinera de esta ciudad, el museo debe ser la hostia. Conozco otra ciudad que presume de ser el ppuerto más importante del Atlántico medio y deja que la mejor réplica de una carabela del siglo XV que hay en el mundo se pudraen un parque sin que nadie haga nada por evitarlo: ¡Si el Capitán Etayo levantara la cabeza!
Salimos de la ciudad camino de Bogliasco, donde, según nos han dicho en la oficina de Turismo, está el camping más cercano a Génova. Tráfico imposible. llegamos casi con las últimas luces. Nada que ver con las comodidades de Antheor. Parcela a tomar por culo y con inclinaciones próximas al 15%. Habrá que apencar. Eso sÃ, el bar es un chollo. Fuimos a por pilas y nos tomamos dos pintas de cerveza de medio litro. Sólo nos cobraron las pilas. DE resto, pues ya lo sabes... "la tormenta está más cerca de Génova que de Antheor".
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