Roma III: La Cruz y la Espada
From VÃa Augusta 2006 (De Málaca a Roma) in Genzano di Roma, Italy on Aug 17 '06
La presencia de la Iglesia Católica en esta ciudad es abrumadora. Es imposible abstraerse a ella y todo, cuaqluier rincón, nos habla del asfixiante control que la jerarquÃa eclesiástica ejerció sobre esta ciudad hasta hace bien poco. Hoy, suponemos, el poder laico estará en la cúspide de la pirámide, pero Roma no se podrÃa entender sin la presencia de esa iglesia omnipresente que parece controlar los designios de esta cuidad desde las alturas blancas de la cúpula de San Pedro. Hoy nos hemos encontrado de bruces con esa Roma. Una Roma fastuosa que, en gran manera, saqueó a la clásica para engrandecerse. Las iglesias pueblan Roma por doquier. Y en cada pórtico, los deformes muestran al aire sus muñones y pústulas haciendo gala de manquedades y jorobas. Y es esta una de las estampas de Roma que más me ha impactado. Los mendigos pululan por las inmediaciones de las grandes iglesias a modo de mercados medievales. Las escalinatas se convierten, de esta manera, en pequeñas paradas de monstruos en las que cuerpos mutilados y deformes se convierten en herramientas de trabajo.
También sorprende el trasiego de hábitos de todas las clases. Monjas, monjes y curas transitan en oleadas por las calles de la ciudad. La presencia de la curia eclesiástica es apabullante y casi asfixiante. Roma ejerce como capital de la Cristiandad y muestra sin rubores que aquÃ, la Iglesia aún sigue manteniendo amplias cuotas de poder. Con la Iglesia hemos topado amigo Sancho.
Como viene siendo habitual, nos ponemos en pie muy temprano. El Pisco no tarda más de veinte minutos en dejar la cama y dar cuenta de su desayuno continental. En el hotel también duermen dos matrimonios maduros de San Sebastián. Nos preguntan que de donde venimos y al decir AlmerÃa se quedan alucinados. Nos comentan que ellos dejarán Roma en dos dÃas y que puensan entrar en España por la Jonquera. Les recomendamos la parada de Nimes y nos despedimos. Anagnina-Piazza del Popolo con parada en Termini.
Nuestros primer destino es la Villa Borghese. Subimos a la superficie desde el subsuelo cerca de la Piazza del Popolo. Desde allà hay que coger la guagua hasta los jardines de a Villa Borghese. El edificio y los jardines se construyeron en el siglo XVII por orden del cadenal Borghese, que querÃa montarse un chalecito a las afueras de Roma para pasar los veranos. La villa se construyó a extramuros de la capital y es una de esas delicias arquitectónicas que abundan en la urbe al socaire de los dineros de la iglesia. Vamos con la intención de visitar sus celebérrimas galerÃas de arte, pero esta empetada. No hay entradas. Nos contentamos con gastar unos euros en la tienda de regalos mientras que el david de Bernini o el famoso mosaico de los gladiadores quedan tras los muros de la mansión. Nos contentamos con bajar hacia el Tiber por los jardines de la Villa.
Suben algunos barcos cargados de turistas por el TÃber. Hace calor y la gente ha abandonado la calle para refugiarse en las trattorÃas y cafés. Nosotros seguimos por la orilla izquierda del rÃo hacia el acceso al vaticano. pasamos sin detenernos frente al Ara Pacis, un enorme altar cuajado de esculturas en las que se conmemora la pacificación de las Galias e Hispania lograda por Augusto. Nosotros seguimos adelante hasta que el castelo de San Angelo aparece ante nosotros. Iniciado por el emperador Adriano en el año 135 para ser su mausoleo personal y familiar, el edificio fue acabado por Antonino PÃo en el 139. El monumento estaba acabado en travertino y estaba engalanado por una cuádriga en bronce guiada por el emperador Adriano. Muy pronto el edificio cambió de uso y se convirtió en un edificio militar. Se integró a la Muralla Aureliana en el 403.
El actual nombre del castillo proviene del 590, durante una gran epidemia de peste que golpeó la ciudad de Roma. El papa de la época, Gregorio I, vio al Arcángel San Miguel, sobre la cima del castillo que envainaba su espada lo que se interpretó como una señal que adelantaba el final de la epidemia. Hoy, un angel de bronce conmemora aquella visión. Aquà fue donde el papa Clemente VII tuvo que atrincherarse en 1527 cuando los soldados españoles saquearon Roma. Quizás esta acción de 'guerra' fue determinante para que el papa considerara nombrar a Carlos I, nuestro Carlos, en emperdador. Hoy, las inmediaciones de San Angelo son un mercado al aire libre en el que los inmigrantes africanos venden imitaciones de bolsos, gafas y carteras con nombres tan sonoros como Prada, Moschino o Gucci. Los filibusteros siempre han tenido su hueco en Roma.
Al otro lado del rÃo, la presencia asfixiante de la iglesia católica se acrecienta según enfilas la VÃa de la Conciliación. Allá a lo lejos ya sebén las formas blancas y contundentes de San Pedro, uno de esos lugares que conoces aunque nunca hayas estado en ellos. Aún asÃ, el efecto de esta mole de travertino blanco es sobrecogedor. Entramos al minúsculo territorio de esta gigantesca organización suprahumana abrazados por las columnas de Bernini. Aquà dentro cabe gente para parar un tren y pese a que estaremos rodeados por 20.000 personas. hay hueco más que suficiente para veinte veces esa cantidad. la escala humana, entre estas piedras, se hace diminuta, pequeña, insignificante. Todo aquà está diseñado para que el individuo sienta la grandeza del dios de los cristianos. casi cualquier catedral española es más bonita que esta mole renacentista, pero ante los pináculos de Burgos, por ejemplo, uno no siente de manera tan clara y notoria, la sensación de agobio que uno tiene en San Pedro.
Guardamos cola de manera obediente y entramos al templo buscando esos hitos que conoces desde los dÃas de diapositivas en Historia del Arte. El interior es lujurioso; pan de oro, mármol, badalquinos, piedades, estatuas, alabastro... Todo un homenaje al voto de pobreza. Caminamos entre cientos de turistas que disparan, como nosotros, sus cámaras de fotos. La cúpula de Miguel Angel se yergue sobre el soberbio baldaquino de San Pedro diseñado por Bernini. la luz entra por la linterna de la cúpula en haces casi milagrosos. Esto sobrecoje y, aunque no te mueva motivación religiosa alguna, conviene pasear entre estas columnas grandiosas; aportan una sensación de eternidad muy difÃcil de explicar. También es difÃcil de explicar el pánico de la Iglesia Católica al cuerpo de la mujer. Es una escena que se repite allá donde vamos en este paÃs. A las turistas que enseñan algo más que sus rodillas y codos les encasquetan unos ponchos de horrible tela verde que les cubre prácticamente todo el cuerpo. El Pisco va prevenido y se ha venido discretita, pero hay algunas que pasean por el edificio como fantasmas verdes. Cosas de la iglesia.
Nosotros a lo nuestro. La Pietá de Miguel Angel está en la nave lateral derecha de la basÃlica. Está protegida por un cristal antibalas desde que un perturbado atentó contra ella y la intentó destrozar a martillazos. Es una obra maestra. Cristo, en las rodillas de su madre, yace muerto en una postura tan realista que parece mentira que sea mármol lo que tenemos delante. Esa es otra de las grandezas de esta iglesia. Tiene una concentración de obras maestras por kilómetro cuadrado que no he visto en ningún otro lugar del mundo. Hay una cola impresionante para subir a la Cúpula de Miguel Angel. Dicen que desde allá arriba se ven unas vistas impresionantes de prácticamente toda la ciudad. Nosotros optamos por seguir nuestro camino hacia el Trastévere. Antes, hacemos una parada en una de las miles de tiendas de artÃculos religiosos que jalonan las dos aceras de la VÃa della Conciliazione. Queremos comprar una medalla para mi tÃo Ñito que está enfermo. Él es muy religioso y creemos que esto le puede ayudar. Hay santos para todo: para piernas, para brazos, para cabezas... Otra muestra más del inmenso negocio que se mueve en esta ciudad en torno a la Iglesia. Unos se venden a sà mismos a través de sus deformidades; otros venden santos y medallitas. Todo sea por mi tÃo Ñito.
Tutto Chiuso.- Bajamos hacia el mÃtico barrio del Trastévere. Antes era uno de los enclaves de población judÃa de la ciudad, hoy, colmo el resto de la urbe, es un montón de casas decrépitas que nos muestran que los romanos no son demasiado amables con su Roma del alma. El barrio es bonito, pero debió ser hermoso. Son algo más de las cuatro de la tarde y todo está cerrado (tutto Chuiso). Al final
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