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Mi estancia con la familia Martin había llegado a su fin. A partir de ahora todos los españoles de este pequeño grupo (unos 9) fuimos en un mini bus a Chicago, allí nos quedaríamos en un hotel Holliday Inn. Al ser muchos menores de edad no nos dejaban entrar en la sala del hotel donde había un billar.
El primer día lo dedicamos a visitar la ciudad, subir al Sears Tower ( en áquel momento el edificio más alto del mundo) fue una experiencia única más de 100 pisos en un ascensor que iba como un bólido. Desde arriba se podía contemplar todo el Lago (no recuerdo si es el Superior ó el Michigan), la vista de la ciudad y si me apuran hasta el estado vecino... Fuimos también a un Museo de la Ciencia, paseamos dentro de un corazón, vimos nacer un pollo y nos hicimos una audiometría entre otras muchas cosas).
El siguiente día fuimos al Parque de Atracciones, me monté, venciendo mi miedo de áquella época en la que decían que era la Montaña Rusa más larga del mundo (Roller Coster le llamaban allí).
El día siguiente era el vuelo de vuelta a Madrid. Esta vez sin incidencias. A pesar de la gran cantidad de horas de vuelo como pude dormir un poco no acusé el jet lag ni ninguna de esas enfermedades que años más tarde descubrieron que se dan en los aviones.
De Madrid a Málaga y de allí un autobus y a casa. Toda mi familia estaba en Tenerife. Esa misma noche mi madre me dijo que mi tía Nieves había muerto. A los pocos días llegaron de Tenerife y descubrieron por fin que "Canoa" no era una ciudad sino una especie de embarcación que se utiliza para navegar en los lagos...




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