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La carretera que bordea la costa hasta llegar a Sagres es la EN 125, esta carretera pasa por la villa de Vila de Obispo. De vuelta en la EN 125, entre Budens y Raposeira, encontramos la pequeña ermita gótica de la Virgen de Guadalupe, que nos avisa ya de la proximidad de Vila do Bispo. Una vez llegados a esta población, tenemos dos opciones para disfrutar del mar en todo su esplendor.
Tomando la EN 268, que baja hasta Sagres, atravesando el Parque Natural del Sudoeste Alentejano y Costa Vicentina recorrí cuatro kilómetros antes de llegar a Sagres y se puede ver, a la izquierda de la carretera, las grutas del Monte Francés. Y en Sagres es de visita obligatoria el Promontorio Sacro, donde los acantilados caen furiosamente en picado al océano. Una pequeña carretera, que bordea la preciosa ensenada de Beliche, nos lleva hasta el cabo de San Vicente, donde, según dijeron los romanos, el sol hace hervir el mar cada tarde. Y es que las puestas de sol aquí son maravillosas... Mientras tanto, el faro del cabo, con sus 62 metros de altura, pierde su luz millas adentro en el Atlántico.
Allí además se puede comer la última salchicha antes de América. Hay un pequeño mercadillo ambulante de recordatorios y como en todos los cabos hay siempre un ventarrón de órdago.




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